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En Abril de este año, entró en vigencia la nueva Ley de Inclusión Laboral en Chile (Ley 21.015), la cual plantea una serie de nuevas exigencias y desafíos, tanto para las empresas como para la sociedad en general.

 ¿Cómo funciona la Ley de Inclusión Laboral?

La Ley exige a empresas públicas y privadas con 100 y más trabajadores, contratar al menos el 1% de personas con discapacidad. Para ser beneficiario de esta Ley, la persona debe poseer una pensión de invalidez de cualquier régimen previsional o tener cualquier discapacidad calificada previamente por las Comisiones de Medicina Preventiva e Invalidez (Compin), dependientes del Ministerio de Salud (Minsal) y a las Instituciones Públicas o privadas reconocidas para estos efectos.

Por parte de la empresa, existe la opción de no cumplir la obligación del 1%, debido a justificaciones específicas como la naturaleza de las funciones, o la falta de postulantes que cumplan con los requisitos respectivos. En ese caso, las empresas tienen dos alternativas; contratos de prestación de servicios o bien realizar donaciones en dinero a proyectos o Programas de Asociaciones, Corporaciones o Fundaciones.

¿Qué beneficios tiene la Inclusión Laboral para las empresas?

A raíz de esta Ley, muchas empresas incorporarán, por primera vez, a personas en situación de discapacidad, lo cual implica enfrentarse a una realidad que pocos conocen en su día a día laboral.

Lo anterior, nos lleva a replantear el concepto de discapacidad desde un punto de vista individual (deficiencia física, cognitiva, sensorial, etc.) hacia una mirada sistémica, es decir, cómo la sociedad y el entorno responden a ella. Desde esta perspectiva, las organizaciones juegan un rol fundamental en las oportunidades que entregan a las personas con capacidades distintas para mitigar esta situación, y así romper con las barreras y prejuicios que existen. Por el contrario, la experiencia ha demostrado los beneficios de la inclusión en el contexto organizacional.

Se ha observado que las personas en situación de discapacidad, reportan un mayor grado de compromiso y motivación hacia su trabajo, así también, menores niveles de ausentismo laboral. Esto, debido a la alta valoración que entregan a las escasas oportunidades laborales que se les presentan. Además, se perciben mejoras a nivel de clima laboral y mayor capacidad de trabajo en equipo por parte de los empleados de la organización, quienes desarrollan habilidades de empatía, tolerancia y mejor comunicación.

Hoy en día existen muchas Instituciones y Fundaciones que se hacen cargo de la intermediación laboral, para así entregar las herramientas y el apoyo necesario tanto para el empleado que ingresa como para la empresa. Se hace fundamental contar con un efectivo proceso de selección, seguimiento y evaluación del desempeño, así como también con una efectiva capacitación y sensibilización para todos los empleados.

También es importante considerar elementos prácticos, en relación con la infraestructura con la que deben contar las empresas para habilitar correctamente los lugares de trabajo.

En definitiva, el desafío de las empresas hoy en día, es romper el paradigma de la inclusión como un acto de beneficencia, o una exigencia obligatoria ante la nueva ley. Más allá de eso, el desafío mayor es desarrollar prácticas que permitan considerar la inclusión como un aporte positivo a la cultura organizacional, visualizando al trabajador con todos sus talentos y capacidades, independiente de su condición física. Lo anterior, permitirá construir equipos y empresas más inclusivas, con espacio para una mayor igualdad de oportunidades y apertura a la diversidad.